Escuche la entrevista completa, en exclusiva desde Los Angeles,  sobre su nuevo libro/serie, “The Untold History Of The United States” y sobre la campaña publicitaria de DIRECTV para América Latina del Mundial FIFA Brasil 2014.

Escuche la entrevista, completa, a continuación:

El relato, de Alejandro Marín, sobre su conversación con Stone. 

Estoy en el octavo piso del hotel Loews de Santa Monica, y Oliver Stone se sirve en el buffet, unas alcachofas y unas zanahorias.
Stone está dirigiendo la nueva campaña de DIRECTV para presentar el comercial del mundial. Saluda cortésmente y me pregunta:
“De dónde viene usted?”
“De Colombia.
“Ah, Colombia”, me dice, con una sonrisa socarrona, mientras toma unos cubiertos y una botella de Pellegrino.
“Conoce?”, le pregunto, como si estuviera haciéndole una pregunta a un desconocido en cualquier buffet.
“Claro. Allá escribí Scarface… Colombia es famosa por su tráfico de droga, no sé si lo recuerde”, me dice, con tono sarcástico y mordaz.
“Cómo olvidarlo?”, le contra pregunto, mientras caminamos hacia un amplio comedor. Stone camina ligero a pesar de ser un gigante literal. Su rostro se contrae y se relaja mientras nos dirigimos hacia la misma mesa. Es como una bestia apacible, de esas que hibernan períodos largos y que despiertan enfurecidas a la menor perturbación.
“Oye Colombia,” me dice desde la otra esquina de la mesa un empresario venezolano, mientras mira su timeline de twitter, “qué está pasando en Bogotá?”
“Hay un paro.”
“Un paro de qué?“, pregunta Stone.
“Comenzó siendo un paro agrario, pero ahora parece ser que varios sectores se han unido.”
El venezolano interrumpe: “oye pero está mal eso allá, chico. Será que algo va a pasar en Bogotá? Dicen que la están destruyendo. Coño, yo viajo para allá mañana en la tarde. Sí será seguro?”
De repente la mesa de empresarios y de periodistas fija su mirada completamente en el colombiano. En la crisis. En el paro de mi país. Y en cuestión de segundos, una avalancha de comentarios y de preguntas empiezan a saltar a borbotones de los twitters de cada uno de los colegas y de los empresarios.
 
“Oye sí, mira, dicen que ya murieron dos personas”,
 
“oye sí, qué terrible”,
“y qué fue lo que pasó?” “Son las FARC?”
“Van a tumbar a Santos?”

“USTEDES – LOS COLOMBIANOS – SIEMPRE ESTÁN ECHÁNDOLE LA CULPA A LAS FARC DE TODO“– Oliver Stone

“No creo que lo tumben”, trato de explicar, “pero la gente está cansada.”

“Y ahí qué? Aprovechan las FARC?”, pregunta un periodista chileno.

Stone interrumpe antes de que yo pueda decir algo:

“ah, ustedes, los colombianos, echándole siempre la culpa a las FARC de TODO lo que les pasa. Y si no lo van a tumbar, cuál es el propósito de las revueltas?”, pregunta Stone, mientras se sienta.

“No lo sé”, le contesto firmemente, entre indignado e impotente.

“Y comenzó todo con los campesinos?”

“Así es.”

Es aquí donde me doy cuenta que Stone no solamente está en esta sala con nosotros para hablar de los comerciales de DIRECTV, sino del proyecto que durante cuatro años lo tuvo ocupado. Cuando empezamos a hablar del paro agrario, Stone comenta que acaba de venderle a Showtime una serie de 10 capítulos llamada ‘La Historia Nunca Antes Contada De Los Estados Unidos’.

“WALLACE HIZO LO QUE CONSIDERABA UN VERDADERO SACRILEGIO DE LA TIERRA: PAGARLE A OTROS CAMPESINOS PARA QUE DESTRUYERAN EL 25 POR CIENTO DE LAS COSECHAS. COMO BUEN CAMPESINO, CREÍA EN LA FERTILIDAD DEL CAMPO COMO EL CAMINO MÁS SENCILLO HACIA LA PAZ DEL MUNDO” – Oliver Stone

“Esta historia nueva tiene mucho que ver con campesinos”, me dice Stone.  

“Y qué cuenta esa historia?”
“Cuenta, por ejemplo”, comienza Stone un relato apasionante, basado en el libro que acompaña a la serie de Showtime de 10 capítulos, echándose hacia atrás,  ”que Henry Wallace había sido opositor de Franklin Delano Roosevelt durante la campaña para elegir presidente en 1928. Republicano de familia, Wallace era hijo de un campesino que se había dedicado a la investigación y que fundó a comienzos del siglo veinte una revista que se llamaba ‘La Revista del Campesino’. Su conocimiento del campo norteamericano era amplio y profundo.
Roosevelt le ganó a Smith la carrera presidencial y Wallace, republicano de Iowa, se mantuvo en la oposición de su gobierno, que había llegado después de la primera guerra mundial, en la que Wall Street y los banqueros habían vendido y transferido materia prima a ambos bandos de la guerra y habían generado, años después, una profunda recesión económica.
En 1932, cuando fue el momento de reelegir a Roosevelt, Henry Wallace lo apoyó, sin cambiarse de partido. En 1933 se convirtió en el secretario de agricultura de Roosevelt, y en 1936 se cambió del partido republicano al demócrata.
 
Wallace se enfrentaba a la crisis más severa del agro en la historia de Norteamérica, pero se convirtió en el emblema y en el motor del cambio y de la prosperidad campesina más sorprendentes que un gobierno mundial ha gestado en la historia.
El 25 por ciento de la población norteamericana era campesina, y estaba en la miseria profunda de la posguerra en 1933. La producción de commodities agrarias inundaba al mercado y jalaba hacia abajo sus precios. El problema comenzó en los años veinte y se prolongó hasta entrados los treinta. En 1932, el campo gringo estaba desesperado.
Wallace propuso pagarle al campesino para que redujera la producción agraria, asumiendo que la oferta reducida aumentaría la demanda y por lo tanto, elevaría los precios. Pero en 1933, debió enfrentar un curso de acción mucho más drástico.
El precio del algodón había caído a 5 centavos la libra. Las bodegas estaban a reventar. Los mercados de exportación se evaporaron. Y una nueva cosecha de algodón estaba lista.
Wallace hizo lo que un campesino consideraba un verdadero sacrilegio de la tierra: pagarle a los campesinos para que destruyeran el 25 por ciento de las cosechas. Wallace, como buen campesino, creía en la fertilidad del campo como el camino más sencillo hacia la paz del mundo, y había dedicado parte de su vida a la investigación del maíz y de una nueva semilla híbrida de maíz que hiciera posible su abundancia para lograr este propósito.
Pero ahora Wallace hacía lo inconcebible a sus ojos campesinos. “Tener que detruir una cosecha creciente”, escribió con lamentación en sus diarios personales, “es un pecado de nuestra civilización”. Ese mes de agosto, ordenó la quema de más e 10 millones de acres de algodón.
Pero lo que venía más adelante era aún más difícil. Wallace tenía también que enfrentar la crisis ganadera y la porcina, en particular. Atendiendo a los campesinos dueños de fincas de cerdos, Wallace avanzó con un programa de matanza de más de6 millones de lechones que pesaran meno de cien libras, lo que le ganó el ataque de las sociedades protectoras de animales por el ‘cerdicidio’.
 
Sin embargo, Wallace se aseguró de que la matanza resultara en beneficio de la sociedad norteamericana. Distribuyó más de 100 millones de cerdo, ceba y jabón a los norteamericanos pobres. “No mucha gente se dio cuenta de lo radical que era”, reflexionó en su diario, “esta idea de que el gobierno le comprara a aquellos que tuvieran mucho para darle a aquellos que tenían muy poco.”
Las políticas agrarias tan criticadas por la prensa y los republicanos tuvieron el efecto deseado. El precio del algodón se duplicó.  Los ingresos del agro brincaron al 30 por ciento en un año.
Wallace siempre lamentó estas decisiones políticas. Como campesino, escribió al final de esta gestión que “la quema de más de 10 millones de acres de algodón y la matanza de más de 6 millones de lechones entre agosto y septiembre de 1933 no fueron actos idealistas de una sociedad cuerda. Fueron actos de emergencia necesarios por culpa de la casi loca falta de liderazgo estatal mundial entre 1920 y 1932.”
A pesar de las lamentaciones del secretario de agricultura – que sería después vicepresidente de Roosevelt por su poderosa visión, alejada de prejuicio y fuerte convicción política -, la quema de cosechas y la matanza de ganado en medio del hambre y de la pobreza llenó los estómagos de los desvalidos y se ganó una imagen de valentía al liderar una filosofía de recuperación a través de la austeridad.

Arthur Schesinger, Jr, un famoso periodista del New York Times, escribió: ‘Wallace amplió la preocupación del ministerio de agricultura más allá de lo comercial e incluyó políticas de agro para la subsitencia y para combatir la pobreza rural. Para los pobres de la ciudad, suministró y se inventó las estampillas de comida e hizo gratuitos los almuerzos en los colegios públicos. Instituyó programas para la planeación en el uso de la tierra, conservación de la misma y control de la erosión. Y siempre promovió la investigación para combatir enfermedades en plantas y animales, la ubicación de cosechas resistentes a las sequías y el desarrollo de semillas híbridas para aumentar la productividad. “Colombia? – me mira Stone fijamente, “Claro que conozco Colombia” repite, mientras se come un plato de alcachofas a la parrilla con zanahorias en salsa ranch. Y con una sonrisa entre benevolente y de desdén, afirma: “Ustedes siempre están echándole la culpa a las FARC de todo lo que les pasa. Así es. Como nosotros nos la pasamos todo el siglo veinte echándole la culpa al comunismo. Como hoy le estamos echando la culpa a Siria. Bla, bla, bla.”

“No sería descabellado pensar que tienen algo que ver en estas revueltas, no sería loco pensar que están aprovechando el momento. Por algo se han ganado su mala reputación. Pero usted es muy benevolente con la izquierda latinoamericana. Usted no cree que todas las izquierdas tienden, con el tiempo, a volverse la derecha en todas partes?”

“Esa es una mirada muy generalizada de las cosas, y es de hecho, una pregunta muy general. El problema de la izquierda es cuando se centraliza. Eso es lo que le está pasando a Obama. Cuando la izquierda se va para el centro, pierde su ‘fanaticada’ original. Pero hay izquierdas muy saludables en América Latina. Y hay otras que no lo han sido tanto, porque los Estados Unidos han intervenido. Y de esa historia sí no hablamos. De nuestras intervenciones. Eso sí no se los enseñamos a los niños en nuestros colegios. De eso se trata este nuevo libro, de eso se trata esta nueva serie.”

“NO VOY A HACER UNA PELÍCULA POR LAS RAZONES EQUIVOCADAS” – Oliver Stone

“Usted nació en una familia judía-católica. Es fácil decir que nació en una familia conservadora.”

“Muy conservadora. De ahí nace mi compromiso a hacer películas progresistas. De ahí y de lo que vi en América Central. Lo que estaban haciendo allá. Y lo que estaban haciendo los norteamericanos allá.”

“Usted por qué está tan interesado en América Latina?”

“Latinoamérica ha jugado un papel en toda mi vida. Siempre ha estado ahí. En Vietnam vi muchas cosas, pero cuando fui a Centroamérica, durante la guerra de los Contras, y vi esto en El Salvador, sentí que estaba volviendo a vivir Vietnam de nuevo. Y Norteamérica estaba involucrado de manera profunda, con los escuadrones de la muerte, y las milicias. Por eso decidí hacer películas más progresistas.”

“Qué lo motivó a escribir esta historia de los Estados Unidos y a hacer una serie documental?”

“En 2008, después de que George Bush había sido presidente 8 años, dije ‘suficiente. Norteamérica se ha descarrilado.’ Sentí que teníamos que contar la historia de este imperio norteamericano, y lo que ha hecho. Y lo hice con un profesor de historia norteamericana.”

“Pero lo hace con el propósito de educar a través del entretenimiento?”

“Lo hago con el propósito de que mis hijos vivan en un mundo mejor. Porque lo que nos enseñaron en los colegios, lo que les enseñan en los colegios, no es la realidad de Norteamérica. También porque quiero seguir haciendo películas progresistas. Y porque no voy a hacer una película por razones equivocadas.”

“Y cómo hace para vender estas cosas? No es muy difícil contar esta historia que ninguna corporación quiere oír o ver?”

“LOS MEDIOS PRIVADOS NUNCA DICEN LA VERDAD CUANDO NO TE COMPRAN UN PROYECTO“ – Oliver Stone

“Es muy difícil. Tan difícil como hacer estos comerciales. Aunque en este comercial del mundial han respetado mucho mi visión. Tienen buen gusto.”

“No se siente un poco viejo para estar vendiendo su trabajo además de tener que escribirlo, producirlo, filmarlo, musicalizarlo, editarlo y dirigirlo?”

“Sí, me estoy haciendo viejo. Eso me ha quitado muchas cosas. Pero la historia me ha hecho joven de nuevo.”

“Y cómo soporta tener que salir a vender eso en medios tan derechistas como los norteamericanos? En un medio como Hollywood? Cómo aguanta la presión?”

“Hollywood puede volverlo a uno bien cínico. Uno se puede cansar del juego. Es muy importante evitar el cinismo. La mejor forma de evitarlo es amando lo que hago y preocupándome por ello. ”

“Y en América Latina, cómo le ha ido con la distribución? Cómo le ha ido en México?”

“No he podido vender mi nuevo programa en México. En México todos los medios son privados. Televisa no me quiso comprar la serie. Ni en México ni en Brasil.”

“Y qué le dicen? Que por qué no se lo compran?”

“No importa lo que te digan los medios corporativos: nunca te dicen la verdad.”

“Es curioso que en Brasil, después de Lula, no le compren la serie…”

“Todos los medios en México y en Brasil son de gente rica y son muy conservadores. A pesar del régimen de Lula y de Dilma, el hecho de que hablemos tanto del golpe de estado en Brasil no nos ha dejado entrar. Los banqueros controlan a Brasil.”

“Y en Norteamérica, cómo hizo? FOX obviamente no le iba a comprar esto.”

“Tuve suerte de poder vender mi nueva serie a Showtime porque tengo una reputación y porque Showtime tenía hambre.”

“Qué le han dicho aquí para rechazarle ‘The Untold History’ en los canales de televisión abierta? Que por qué no se lo compran?”

“En Norteamérica nunca pude haber vendido “The Untold History Of The United States” en televisión por culpa de los anunciantes. Y los anunciantes no quieren ningún tipo de proceso de pensamiento o controversia.”

“Y la televisión pública?”

“Está politizada. No hay nada qué hacer.”

“El gran asunto de ‘Big Bird’ de Plaza Sésamo?”

“El gran asunto de Big Bird.”

“Le gusta actuar?”

“Disfruto actuar. Pero es difícil actuar y dirigir.”

“En este comercial usted actúa. Hace de qué? De director de cine?” (me río).

“Así es.” (mirada seria).

“Y ha visto algún mundial?”

“En el 2002, cuando ganó Brasil. A mis hijas les gusta, porque lo juegan. Pero este deporte no es muy grande ni popular aquí. Creo que ni clasifican.”

“Claro que sí. Tienen una buena liga. Muy disciplinada. Subestimada pero disciplinada.”

“Supongo que sí. Le he ido cogiendo cariño, digamos. Es un deporte largo, difícil de entender, se juegan tiempos de 45 minutos, y la cancha es graaaande. No sé cómo aguantan tanto. Cómo soportan ver eso tan largo.”

“Vamos, Mr. Stone, el baseball es lo más largo que uno pueda ver. Y puede ser muy aburrido.”

(piensa…) “Sí. Tiene razón. El baseball puede ser terriblemente aburrido. Pero digamos que, al igual que el fútbol, despierta mucha pasión y es un hermoso deporte.

“Pero qué es lo suyo? El fútbol americano?”

“Mi deporte favorito es el fútbol Americano.”

“De quién es hincha?”

“De los 49′ers de San Francisco.”

“Es Joe Montana el mariscal de campo de todos los tiempos?”

“Vaaaaamos” (me mira con cierto desdén futbolero), “no existe un gran mariscal de campo de todos los tiempos.”

“Usted me presentó a Jim Morrison.”

“Ah, sí? Cuántos años tenía?”

“Tenía 13 años.”

“13 años…(hace cuentas de mi edad.) Y qué tal fue la experiencia?”

“La verdad es que vi The Doors en cable, unos meses después, porque en cine no me dejaban entrar a ver ‘The Doors’. Tenía una prima de la que estaba enamorado, se llamaba Bibiana, ella estaba fascinada con la historia de The Doors. Pero a mi me tocó ver ese verano ‘Don’t Tell Mom The Babysitter’s Dead’, con Christina Applegate.”

(Risas). “Bueno, era clasificada R. Era obvio que no podía entrar a un cine usted.”

“Sí, pero digamos que Morrison me entró por el corazón.”

“Así tenía que ser. La historia de The Doors era más la historia de Jim Morrison. Contar la historia de Morrison era seguir a mi corazón. Perseguir y narrar la historia del poeta que fue Morrison. Eso me atrajo de esa historia.”

“Y la música?”

“Amaba su música, pero era el carácter de Jim Morrison lo que lo hacía destacarse para mi. Seguí mi corazón. Y aprendí mucho de música.”

” Pero no volvió a hacer nada sobre ella.”

“No, pero tengo siempre música en todas mis películas.”

“Escogió todas las canciones de ‘Natural Born Killers’?”

“Así es, escogí todas las canciones que van en esa película.”

“Incluyendo la de Dr. Dre con Snoop Dogg?”

“Incluyendo esa…y no se le olvide: incluyendo a Trent Reznor.”

“Claro. Trent fue clave en esa banda sonora. Y luego se volvió un grande de bandas sonoras a título personal.”

“Sí, pero Trent ya era grande en aquel entonces.”

“Vietnam lo ayudó a salir de sus cánones familiares y conservadores?”

“Fui a Vietnam después del colegio. Aprendí mucho allí. Aprendí de la naturaleza de la realidad. Uno no sabe de sí mismo más allá de la vida propia, de la vida que le toca, hasta que empieza a viajar. Por eso hay que viajar. Porque viajar implica salirse de sí mismo. Ver otras culturas. Entender otras ideas. Con el tiempo uno empieza a ver de dónde viene. Pero todo eso toma tiempo.”

“En este libro, usted analiza las razones por las cuales Estados Unidos se convirtió en un imperio, entendiendo el imperio como un ente constantemente sediento de colonización y de poder, y lo ha hecho, según narra usted, a través de la ocupación y la guerra. Existe una posibilidad de que el imperio norteamericano llegue a su fin pronto?”
“Me gustaría que el dominio de Estados Unidos hubiera terminado ya, pero no es así. Su dominio militar es enorme, al igual que su dominio sicológico, como lo ha demostrado el escándalo reciente de la NSA con Edward Snowden.”
“Qué debe hacer uno como escritor para poder mantener la pasión? Para evitar caer en el juego del entretenimiento? Para escribir no solo honesta sino entretenidamente?”
  
“No tengo una respuesta a eso. No hay respuestas fáciles en la vida. No soy profesor y no puedo decirle a alguien cómo escribir, pero creo que todo radica en crear la tensión necesaria para que alguien quiera voltear la página para ver qué sucede después. Esa es la clave de toda historia. Eso y la verdad. Porque la verdad, como la historia, tiene mente propia. “