A 3 años del fallecimiento de Chris Cornell repasamos algunas de sus canciones y recordamos su impresionante forma de cantar. ¿Cuál es su favorita?

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El 10 de julio de 1964 fue lanzado al mercado el tercer trabajo discográfico de The Beatles. “A Hard Day’s Night” aún contenía en sus inocentes, amorosas, bolerescas y pegajosas canciones esa primera etapa del cuarteto, las cuales, por supuesto, se transformarían en laberínticas y psicodélicas composiciones llenas de profunda introspección.

 

 

Por esos días, de hecho, 10 días después, el 20 de julio de 1964, al otro lado del mundo, en Seattle, Washington, Estados Unidos, nació Christopher John Boyle un cantante y compositor que el mundo conocería, años más tarde, como Chris Cornell.

 

 

 

Todo tienen que ver los dos sucesos anteriormente citados, por lo menos místicamente hablando, pues, a finales de los años 70, Cornell encontró una caja repleta de música de The Beatles, incluido su disco coetáneo. Se enamoró perdidamente, tanto así, que por ellos (en gran parte) inició su historia musical.

 

El 18 de mayo de 2017 ocurrió algo con lo que muchos no contábamos, regla general y evidente de los sucesos imprevistos, y por lo general, desagradables. Ese día murió Chris Cornell de la manera más oscura que podría alguien perder la vida. Cansado de algo que jamás sabremos, se la quitó él mismo interfiriendo su proceso natural de respiración.

 

La tragedia rápidamente se apoderó de los medios de comunicación, de la industria musical, de su gente cercana, de sus amigos y por supuesto, de su viuda y sus 3 hijos. Una tragedia que hasta hoy no tiene explicación pero que, desafortunadamente, fue la consecuencia de un largo proceso en cadena en donde la depresión, la ansiedad, la tristeza y la desesperación, mezcladas con el alcohol y las drogas, se convirtieron en pequeñas armas invisibles y autodestructoras.

 

En 1971, enamorado de los sonidos de Lynyrd Skynyrd, Alice Cooper y sus eternos amigos, The Beatles, el pequeño Christopher, de ojos verdes profundos, comenzó con sus clases de piano y durante los siguientes 7 años su desarrollo personal giró en torno a la música teniendo un punto de quiebre a sus 14 años de edad, momento en el cual sus padres se separan, motivo que marcó su adolescencia encerrándolo en un agujero negro e iniciando así otra etapa de su vida con largos periodos de depresión, miedo, furia, rebeldía, tal vez sus primeros episodios de agorafobia y al mismo tiempo, su encuentro con otros instrumentos como la batería, la guitarra, su voz y el grunge.

 

Paul Natkin, Getty Images

Paul Natkin, Getty Images

 

Cada 20 de julio y desde hace 3 años, cada 18 de mayo, miles de personas lo recuerdan con amor profundo y con impotencia por lo sucedido, pero siempre agradecidos por lo que a sus 52 años de edad nos dejó: 4 proyectos musicales (incluido el suyo en solitario), más de 15 producciones discográficas, docenas de canciones, cientos de conciertos en todo el mundo, una sonrisa sexy y tranquilizante, y un legado que difícilmente será olvidado gracias a una parte de su cuerpo: sus pliegues vocales.

 

Si nos ponemos a pensar en las cientos de voces que hemos escuchado en nuestras vidas tal vez no tengamos un número claro a la vista, y hablo de voces cantantes. Pero hay algo que es seguro, y es que entre esas de las cuales nos acordamos, está la de Chris Cornell.

 

Para hablar de su voz, de manera responsable y no tan pasional, me contacté con Verónica González, cantante, Vocal Coach e investigadora de la voz colombiana quien además, y como anillo al dedo, es admiradora de la obra de Cornell. Pero para no terminar haciendo un ensayo sobre la voz del cantante, escogimos 5 de sus mejores interpretaciones para recordarlo, admirarlo, enaltecerlo, disfrutarlo y homenajearlo a 3 años de su fatídica partida.

 

 

 

Lo primero que hay que decir es que, según González, el talento es un mito y cualquier persona, con la disciplina necesaria y la disposición para “aguantar dolor”, podría cantar bien. Ahora, si hablamos de habilidades, habrá quienes puedan desarrollarlas mejor que otros. Ese es, precisamente, el caso de Cornell quien, al igual que otros cantantes de la música popular (entiéndase bien, no clásica) como Freddie Mercury, desarrollaron magistralmente la habilidad para controlar los músculos de su caja torácica y así, cantar de manera impresionante.

 

 

En otras palabras, es lo mismo que pasa en otras disciplinas como el deporte en donde pueden existir muchos jugadores de baloncesto que entrenan fuertemente a diario pero ninguno logra desarrollar esa habilidad de conectar a tal punto el cerebro con los músculos y jugar como Michael Jordan.

 

Con el canto pasa lo mismo, es habilidad con el movimiento, lo que científicamente el investigador norteamericano Howard Gardner llamó Inteligencia Corporal Cinestésica que no es otra cosa que la capacidad de unir el cuerpo y el sistema nervioso para lograr el perfeccionamiento del desempeño físico.

 

Podríamos decir entonces que Chris Cornell tenía más inteligencia corporal cinestésica y por eso hacía que sus cuerdas vocales lograran convertirse en unas de las más importantes de la música.

 

Según nuestra Vocal Coach, esa habilidad junto con sus características estilísticas fueron las que le otorgaron a Cornell ese estilo particular para cantar, alcanzando un nivel fuera de los estándares hoy conocidos. Y es que cuando Chris Cornell cantaba, sus notas agudas se sentían pesadas, al igual que con sus notas graves, lo que en técnica vocal se llama Belting y que Cornell sabía hacer muy bien.

 

Tal vez eso sea lo más importante en la voz del cantante de Soundgarden, Temple of the Dog y Audioslave, su peso en la voz, esa fuerza desgarradora pero a la vez compacta con la cual no hizo estremecer en canciones como las que revisaremos a continuación.

 

Black Hole Sun

 

Publicada en 1994 como parte del disco “Superunknown” de Soundgarden, este es uno de los mayores éxitos de Cornell. En esta canción, escrita enteramente por él, mantiene en un rango vocal muy estable concentrado en notas graves. Para lograr su fraseo, el cual puede ser inquietante, relajante, estimulante y a la vez aterrador, Cornell escuchó una y otra vez I Get Along Without You Very Well y Only the Lonely de Frank Sinatra (y claro que se siente). No está de mas decir que su ambiente LSD está ligado a los años más sicodélicos de su banda favorita, The Beatles.

 

 

Say Hello 2 Heaven

 

Esta canción es un tributo a Andrew Wood, cantante de Mother Love Bone y amigo entrañable de Cornell. Fue publicada en 1991 como parte del único y homónimo álbum de Temple of the Dog, agrupación en la que también cantó Eddie Vedder (Pearl Jam) tras la muerte de Wood. Son más de 6 minutos en donde Cornell hace una verdadera demostración de su rango vocal sin aligerar su voz. Tal vez sus impecables notas agudas también salieron gracias al dolor por la pérdida de su amigo.

 

 

Like a Stone

 

En el año 2001 Chris Cornell recibió la visita de uno de sus productores y amigos, Rick Rubin, junto a Tom Morello, guitarrista de la recién separada Rage Against The Machine tras la salida de Zack De La Rocha. ¿El motivo? Invitarlo a cantar para de RATM. ¿Su respuesta? Fue positiva pero con la condición de cambiarle el nombre a la banda. Así nació Audioslave. En el 2002 publicaron su disco debut y en ese álbum una clase magistral de Glissando por parte de Cornell: Like a Stone. El Glissando, en palabras castas, es un efecto sonoro en donde se pasa de un sonido grave a un agudo sin hacer saltos y ejecutando todos los sonidos intermedios posibles. Esto se puede sentir, muy a gusto, en el coro de la canción.

 

Para la edad que tenía en ese entonces, casi 40, seguía haciendo cosas increíbles. Hacía gruñidos naturales. Su instrumento era muy sano, flexible y lo controlaba muy bien.

 

 

Slaves And Bulldozers

 

Si pudiéramos definir el rock pesado con una sola canción, Slaves and Bulldozers sería la correcta. Publicada en 1991 como parte del tercer trabajo discográfico de Soundgarden, “Badmotorfinger”, este track de casi 7 minutos resume su potencial vocal. Esta canción hace que Cornell surfee por un espectro de notas amplio en donde se oyen muy bien sus vibratos y sus gruñidos, casi como si botara fuego por la boca. Un verdadero pasadizo que va del heavy metal al grunge, y regresa.

 

 

You Know My Name

 

Esta canción fue publicada en 2006 como el tema principal de la película Casino Royale, la vigésima primera cinta de James Bond. Los productores del film querían una voz fuerte para musicalizarlo y encontraron en Cornell el timbre adecuado. Cuenta con pinceladas jazzeras en donde las proyecciones de su voz son más sofisticadas. Es escuchar a Cornell en un contexto más elegante, al estilo del Agente 007, pero con toda la potencia de sus rasgueos vocales. Prueba de eso es el final de la canción, donde se eleva tanto que nos hace sentir dolor de verdad.

 

 

En palabras de nuestra Vocal Coach, Verónica González, la música es una necesidad del ser humano, así como comer o dormir, y según el contexto en el cual nos desarrollemos y las habilidades que tengamos, podremos o no cantar. Para Cornell, esa necesidad se convirtió en su vida, una vida marcada por el dolor y los buenos momentos. Su legado, así como su voz, que resuena entre las paredes de todas las dimensiones, quedaron tallados por siempre en la piedra angular del rock, de la música, con un mensaje tan simple como poderoso de alguien que le tenía pavor a los espacios abiertos: Be Yourself.

 

Gracias, Chris Cornell (1964- )

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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